"Nuestros ciudadanos eran como todos, absortos en ellos mismos. En otras palabras, eran humanistas, no creían en las plagas. Una plaga no está hecha a la medida del hombre. Por lo tanto, el hombre se dice a sí mismo que la plaga es irreal, un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no tomaron precauciones. Estos ciudadanos no eran más culpables que otros, simplemente se olvidaron de ser modestos, eso es todo...Presuponían que las plagas eran imposibles...Se creían libres, pero nadie será libre mientras haya plagas. "
La peste. Albert Camus
Claro, la cobardía. De nuevo el ciudadano juega a la ceguera, al feliz mundo de la ciudad, a la que no le pasa nada, la que no sufre los problemas de sus habitantes. Algo así como no culpen a la ciudad de las desgracias de la gente. Pero los triunfos de estos "desafotunados" si es suyo, porque la plaga de la ceguera es solo de los citadinos, en eso si tienen razón.
miércoles
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